Son más de las diez de la noche y estamos cenando con amigos a bordo del MSC Euribia, en pleno crucero por los fiordos noruegos. A través de los grandes ventanales circulares del restaurante entra todavía una claridad impropia de aquella hora.
Miro el reloj. Las 22:30.
Vuelvo a mirar hacia fuera.
Aquello no parece de noche.
Durante unos minutos seguimos cenando, pero la curiosidad ya está servida sobre la mesa. Comentamos si podría tratarse del Sol de medianoche. Incluso aparece fugazmente la idea de una aurora boreal, aunque la descartamos pronto: no había resplandores verdosos ni luces cambiantes en el cielo, sino una claridad uniforme y persistente, algo más discreto y, precisamente por eso, desconcertante. La tarde parecía negarse a terminar.
Al terminar de cenar, subimos a una de las cubiertas exteriores, cerca de la discoteca y casi en lo más alto del barco, para comprobarlo al aire libre. Hacía fresco. Desde allí apenas se oía el mar. Nos quedamos cerca de media hora contemplando un cielo que se oscurecía con una lentitud insólita.
A las 00:05 hice más fotografías. El cielo era azul oscuro, pero no negro. Las nubes continuaban distinguiéndose y una franja clara persistía junto al horizonte.
Fotografía tomada a las 00:05 con un Xiaomi 11T Pro. La cámara aclaró ligeramente la escena, aunque a simple vista el cielo se veía casi así.
Era medianoche, pero la noche todavía no había llegado del todo.
Buscamos información en internet. No era una aurora boreal. Tampoco era el Sol de medianoche. Aquello tenía un nombre: noches blancas.
Ponerle nombre, lejos de apagar la fascinación, nos dio aún más ganas de seguir mirando.
¿Qué son realmente las noches blancas?
Son noches en las que el Sol sí se pone, pero no desciende lo suficiente bajo el horizonte como para que desaparezca por completo la luz crepuscular. Por eso el cielo nunca llega a oscurecerse del todo.
Es como si el Sol ya hubiera abandonado el escenario, pero continuara iluminando el decorado desde detrás del telón.
Cuando el Sol se oculta, la oscuridad no aparece de golpe. Sus rayos todavía alcanzan las capas altas de la atmósfera, donde parte de su luz se desvía en todas direcciones al encontrarse con las moléculas y pequeñas partículas del aire. Ese intervalo de claridad difusa es lo que llamamos crepúsculo.
En latitudes altas, como las de los fiordos noruegos, durante el verano el Sol sigue una trayectoria muy próxima al horizonte y, al ponerse, apenas desciende bajo él. Aunque ya no podamos verlo, sus rayos continúan iluminando la atmósfera durante buena parte de la noche, y una fracción de esa luz termina llegando hasta nuestros ojos.
No debe confundirse con el Sol de medianoche. En ese caso, el Sol ni siquiera llega a ocultarse bajo el horizonte.
¿Pero por qué ocurre en Noruega y no en Málaga?
Porque la inclinación del eje terrestre hace que, durante el verano del hemisferio norte, el Sol permanezca más tiempo sobre el horizonte cuanto más al norte nos encontramos.
Imaginemos que el Sol recorre diariamente un gran aro inclinado alrededor de nosotros y que el horizonte oculta la parte inferior. En Málaga, ese aro corta el horizonte con bastante pendiente. En los fiordos noruegos, durante el verano, casi lo roza. Esto hace que el anochecer veraniego dure poco en Málaga y mucho en Noruega.
Dicho de otro modo, al ponerse en los fiordos noruegos, el Sol no se hunde rápidamente, sino que avanza durante horas casi en paralelo al horizonte y tarda mucho más en descender lo suficiente para que sus rayos dejen de iluminar la atmósfera y desaparezca el crepúsculo.
No es que la Tierra gire más despacio ni que el Sol recorra el cielo con menor velocidad. Al encontrarnos mucho más al norte, vemos cómo su trayectoria corta el horizonte de forma casi rasante. Por eso tarda mucho más en descender bajo él.
Ese pequeño detalle geométrico puede convertir un atardecer corriente en una noche que parece no empezar nunca.
¿Cuándo termina realmente el crepúsculo?
Cuando el Sol desciende más de 18 grados bajo el horizonte.
Tipos de crepúsculo según la profundidad del Sol bajo el horizonte. A las 00:05, todo indica que nos encontrábamos en crepúsculo náutico
La oscuridad no llega de golpe, sino por etapas, como cuando bajamos poco a poco la intensidad de una lámpara. Los astrónomos distinguen tres tipos de crepúsculo según cuánto haya descendido el Sol bajo el horizonte:
- Crepúsculo civil: entre 0° y 6°. Todavía distinguimos bien el paisaje.
- Crepúsculo náutico: entre 6° y 12°. El cielo está oscuro, pero el horizonte aún puede reconocerse.
- Crepúsculo astronómico: entre 12° y 18°. Solo queda una claridad muy débil.
Cuando el Sol desciende más de 18° bajo el horizonte, comienza la noche astronómica: lo que coloquialmente llamaríamos noche cerrada, sin una iluminación solar apreciable en el cielo.
Por la fecha, la posición aproximada del barco y el aspecto de nuestras fotografías de las 00:05, todo indica que nos encontrábamos en crepúsculo náutico. El Sol estaba oculto, pero todavía iluminaba parte de la atmósfera y la dispersión dibujaba aquella franja clara sobre el mar.
Por eso aún podíamos reconocer las nubes y separar el cielo del horizonte. La noche había comenzado, sí, pero no había llegado hasta el fondo.
¿Por qué el reloj decía noche pero nuestros ojos todavía decían tarde?
Porque el cerebro no reconoce la noche mirando un reloj: la reconoce, sobre todo, por la disminución de la luz que capta nuestra vista.
A las 00:05 sabíamos perfectamente qué hora era, pero el paisaje continuaba ofreciéndonos las señales visuales de un atardecer. De ahí aquella sensación extraña y la necesidad de comprobar el reloj varias veces: la razón decía medianoche; los ojos todavía decían tarde.
Nuestros ojos, además, realizan dos trabajos. Unas células (conos y bastones) nos permiten formar imágenes; otras (células ganglionares fotosensibles) detectan la cantidad de luz ambiental y ayudan a poner en hora nuestros ritmos circadianos, el reloj interno que coordina el sueño, la secreción de algunas hormonas y muchas otras funciones del organismo.
Cuando oscurece, suele aumentar la secreción de melatonina, una señal química para el organismo de que ha comenzado la noche biológica. Si la claridad se prolonga, esa señal puede retrasarse.
Pero no sufrimos ningún mini jet lag, tampoco fueron "las copitas" all included que todo crucerista que se precie aprovecha. Fue algo más sencillo: el reloj decía medianoche, pero el cielo aún no había enviado al cerebro su habitual mensaje de “se acabó el día”.
¿Dónde y cuándo tengo que ir para vivir noches blancas?
Se producen en latitudes altas y durante las semanas próximas al solsticio de verano, porque la inclinación del eje terrestre orienta ese hemisferio hacia el Sol y hace que, allí, su trayectoria discurra casi paralela al horizonte.
La latitud indica la distancia angular al ecuador: va desde 0° en el ecuador hasta 90° en cada polo.
En el hemisferio norte, aproximadamente a partir de los 60° de latitud, las noches estivales pueden conservar claridad durante horas o incluso no alcanzar la oscuridad completa. Es un fenómeno característico de Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia, Alaska, Canadá o San Petersburgo.
Cuanto más avanzamos hacia el norte, menos desciende el Sol bajo el horizonte. Podemos imaginar la noche como una persiana: en Málaga se cierra por completo; en los fiordos noruegos queda entreabierta. Eso son las noches blancas.
Al superar el círculo polar ártico, situado aproximadamente en los 66° N, durante una parte del verano el Sol puede no ponerse siquiera durante las 24 horas. La persiana ya no queda entreabierta: no llega a bajarse. Entonces hablamos del Sol de medianoche.
En el hemisferio sur sucede lo mismo durante su verano, especialmente entre finales de noviembre y enero. En Ushuaia, en el extremo sur de Argentina (Tierra del Fuego), las noches estivales conservan un crepúsculo muy prolongado. Más al sur, en la Antártida, puede aparecer incluso el Sol de medianoche. Allí el fenómeno es menos conocido porque existen muchas menos tierras habitadas en latitudes tan elevadas.
¿Qué fue exactamente lo que vivimos aquella noche en los fiordos?
No vimos el Sol de medianoche ni una noche cerrada. Todo indica que vivimos un crepúsculo náutico prolongado: el Sol ya se había ocultado, pero sus rayos aún alcanzaban la atmósfera y parte de esa luz se dispersaba hasta nuestros ojos.
En el lenguaje habitual, aquello era una noche blanca; en términos astronómicos más precisos, un crepúsculo que no llegó a dar paso a la oscuridad completa.
Y quizá ahí residía su encanto: el día se resistía a marcharse y la noche no acababa de llegar.
Cuando comprender aumenta el asombro
Ahora sabemos que aquella claridad respondía a una geometría muy concreta: la inclinación de la Tierra orientaba el hemisferio norte hacia el Sol y nuestra elevada latitud hacía que su recorrido aparente discurriera muy cerca del horizonte. Al ponerse, descendía tan lentamente bajo él que sus rayos todavía iluminaban la atmósfera y parte de esa luz se dispersaba hasta nuestros ojos.
Comprenderlo no le restó belleza al momento. Al contrario. Aquella franja luminosa sobre el mar se convirtió en una animada conversación en la cubierta alta entre amigos que se habían conocido durante el crucero. Móvil en mano, fuimos descartando allí mismo las primeras hipótesis: ni aurora boreal ni Sol de medianoche. Incluso se sumó uno de los jóvenes que salían de la discoteca, demostrando que la curiosidad científica y estar de marcha no son, ni mucho menos, incompatibles.
La inclinación de un planeta, la luz de una estrella y la curiosidad de varias personas se combinaron aquella noche para fascinarnos y, de paso, inspirar este artículo de Ciencia Llana.
Aquella noche, el día se resistía a marcharse y nosotros nos resistíamos a dejar de mirar.
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Bibliografía / Webgrafía de referencia
- Sears, Francis W.; Zemansky, Mark W.; Young, Hugh D. Física universitaria. 6.ª edición
Inclinación terrestre, estaciones y trayectoria aparente del Sol
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Instituto de Astrofísica de Canarias — IAC. «Ayer fue la noche más larga… Y la más corta». Explicación de los solsticios, la inclinación del eje terrestre y la distinta duración del día en ambos hemisferios.
Consultar en el IAC -
NASA Space Place. «¿Cuál es la causa de las estaciones?». Versión oficial en español sobre la inclinación del eje terrestre y las estaciones.
Consultar en NASA -
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Real Observatorio Astronómico de Madrid — Instituto Geográfico Nacional. «Horas de salida y puesta del Sol». Información y cálculos solares para distintas fechas y lugares.
Consultar en el IGN
Crepúsculos y noche astronómica
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U. S. Naval Observatory. «Rise, Set, and Twilight Definitions». Definiciones astronómicas del crepúsculo civil, náutico y astronómico y de sus límites de 6°, 12° y 18° bajo el horizonte.
Consultar en el Observatorio Naval de Estados Unidos -
Timeanddate. «The Different Types of Twilight, Dawn and Dusk». Descripción de las distintas fases del crepúsculo y de la iluminación existente en cada una.
Consultar en Timeanddate
Dispersión de la luz en la atmósfera
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NASA Space Place. «¿Por qué el cielo es azul?». Versión oficial en español sobre la dispersión de la luz solar en la atmósfera.
Consultar en NASA -
UCAR Center for Science Education. «The Appearance of the Sky». Explicación de la dispersión de Rayleigh y de la influencia de las moléculas y partículas atmosféricas sobre el color y la luminosidad del cielo.
Consultar en UCAR
Noruega, noches blancas y Sol de medianoche
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Timeanddate. «Sunrise and Sunset Times in Geiranger». Datos de salida y puesta del Sol y de los distintos crepúsculos en una localidad próxima al itinerario seguido por el barco.
Consultar los datos de Geiranger -
Visit Norway. «The Midnight Sun: Where the Sun Never Sets». Información sobre las regiones noruegas y las épocas del año en las que puede observarse el Sol de medianoche.
Consultar en Visit Norway -
Timeanddate. «Sunrise and Sunset Times in Ushuaia». Datos sobre la duración del día y de los crepúsculos durante el verano austral.
Consultar los datos de Ushuaia
Luz y ritmos circadianos
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National Institute of General Medical Sciences — NIH. «Circadian Rhythms». Introducción al reloj circadiano y a su sincronización mediante la alternancia entre luz y oscuridad.
Consultar en el NIH -
Reddy, S. y colaboradores. «Physiology, Circadian Rhythm». StatPearls–NCBI Bookshelf. Revisión sobre los ritmos circadianos, las señales luminosas y la secreción de melatonina.
Consultar en NCBI Bookshelf
Enlaces verificados en agosto de 2026.






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